José Théodore sabe muy bien lo que es pasar de la gloria al fracaso, de la fama al olvido, del respeto más absoluto a la crítica más exacerbada; y todo esto, en cuestión de muy poco tiempo. José Théodore es uno de esos hombres a los que el hockey da su minuto (o su año) de gloria y que luego no consigue mantenerse en lo más alto. José Théodore estaba a punto de entrar en la lista negra de Colorado como uno de los peores traspasos de la corta historia de la franquicia de Denver y, a su vez, de convertirse en una desagradable mancha en la inmaculada trayectoria de Pierre Lacroix como General Manager de los Avalanche. Eso mismo, estaba... 

José Théodore ha recuperado su mejor forma en este 2008 y la serie en la que Colorado se impuso a Minnesota no fue más que la confirmación del renacer de “Théo”. Atrás parecen quedar los peores momentos de la carrera del meta natural de Québec, que ha tenido que sobreponerse a reproches y burlas para volver a ganarse el respeto de la afición en particular y del mundo del hockey en general. Pero no hay que eximir a Théodore de toda culpa, ya que las actuaciones que ha ido ofreciendo desde que en el año 2002 se convirtiera en el MVP de la liga han dado origen a esas feroces críticas.  

La temporada después de convertirse en el ganador del Vezina Trophy y el Hart Memorial Trophy, los espectaculares números de José Théodore disminuyeron considerablemente. Sin embargo, en la temporada 2003-04, Théo pareció reponerse ligeramente e incluso logró una cifra de shutouts (seis) muy similar a la de su temporada de jugador más valioso de la liga, en la que logró siete. Pero cuando parecía que podía volver a despegar, se produjo el cierre de la temporada 2004-05 y el guardamete canadiense emigró, como tantos otros, a Europa. Su destino fue el Djurgårdens sueco, donde dejó una buena impresión e incluso alcanzó las semifinales de los playoffs del campeonato sueco. 

En su vuelta a América, Théo firmó un contrato multimillonario (16 millones de dólares) que lo ligaba a los Canadiens durante tres años más. Pero lo que no sabía el cancerbero es que lo peor estaba por llegar. Sus actuaciones empezaron a levantar algo más que dudas y sus pobres números, unidos a que Cristobal Huet empezaba a hacerse notar, convirtieron al hasta hacía bien poco imprescindible guardameta de los Habs en una rémora que chupaba demasiado. José Théodore, el mejor jugador de la NHL en la temporada 2001-02, ya no tenía un hueco en el equipo de toda su vida. Así llegó su irremediable traspaso a Colorado. Muchos pensaban que lo que Théo necesitaba era un cambio de aires para volver a ser él mismo y así, Pierre Lacroix lo intercambió por David Aebischer, titular de los Avalanche por entonces. 

El General Manager de Colorado lo vio claro: su equipo conseguía un portero de contrastada experiencia y calidad para la inminente llegada de los playoffs. Por su parte, Montréal se quitaba un peso (o 5 millones al año) de encima. El recibimiento de Théo a Denver no pudo ser mejor. La gente lo acogió de buen grado y vio en él al nuevo Patrick Roy. Sin embargo, el comienzo de José con su nuevo equipo fue complicado desde el principio. Llegó desde Montréal con una complicada lesión que le hizo jugar solo cinco partidos de la temporada regular, y en los playoffs dejó muestras de su talento ante Dallas, aunque poco pudo hacer en el barrido del que fue víctima Colorado ante Anaheim en las semifinales de conferencia.

Así pues, la temporada 2006-07 debía ser la temporada de Théo. Nada más lejos de la realidad. José siguió con la misma baja forma que le había hecho abandonar su casa y los aficionados de Colorado empezaron a cuestionar un fichaje que no aportaba nada, es más, restaba tanto en lo deportivo como en lo económico. Fue quizás el peor momento de la carrera de José Théodore. Sus malas actuaciones le hicieron perder el puesto a favor de Peter Budaj y ya solo se hablaba de cómo deshacerse de lo que se había convertido en una pesada carga. A pesar de todas las opiniones que había en su contra, el nuevo General Manager de Colorado, François Giguère, le dio una nueva oportunidad a Théo. 

Era el ahora o nunca para el de Québec. Théo empezó la nueva temporada alternándose en la portería con su colega Peter Budaj, hasta que por fin se produjo el esperado regreso del mejor José Théodore. Corría el mes de febrero y el portero acababa de superar una lesión. Théo fue la figura en la victoria de Colorado en San José, pero no fue más que la primera de muchas grandes actuaciones que condujeron a los Avalanche hasta los playoffs con una sorprendente solidez en la portería. Faltaba convencer a los más escépticos, aquellos que se temían ver al peor Théodore en los playoffs, pero el cancerbero de 31 años respondió hasta en las situaciones más exigentes. 

La serie ante Minnesota no fue más que la confirmación del renacer de José Théodore. El canadiense se mostró seguro durante todos los encuentros de la eliminatoria, pero sin duda de él se recordará especialmente el partido número cinco en el Xcel Energy Center, donde Théo se lució con 38 paradas y fue el auténtico artífice de que los Avalanche pudieran festejar una victoria vital aquel día. Ian Laperrière, uno de los iconos de la franquicia de Colorado, lo dejó claro: “Él es la razón por la que aún estoy jugando al hockey ahora mismo”. La franquicia de Denver consiguió una grandísima victoria en la primera ronda gracias a su portero, aunque, como hace dos años, todo se truncó en las semifinales de conferencia, donde Detroit fue demasiado para Colorado y Théo no pudo dar lo mejor de sí mismo. 

Los malos momentos del pasado no se pueden borrar, pero José Théodore disfruta de un presente y un futuro esperanzadores. Por muy alargada que sea la sombra de las temporadas anteriores, Théo ha aprovechado la gran oportunidad que le ha brindado el hockey de reconciliarse consigo mismo y con este deporte. “Tenía un objetivo. Me centré todo el verano en él. Volví aquí como un novato que quería demostrarle a todo el mundo lo que podía hacer. Ahora espero que la gente deje de hablar de los últimos dos años y se centre en el actual”. 

A final de temporada Théodore se convertirá en agente libre. Su futuro es incierto, aunque ahora muchos de los que le criticaron no verían con malos ojos su continuidad en Denver. Y es que, en cuestión de dos años, José Théodore ha pasado de ser el hazmerreír de la liga, a llegar a ser bautizado en algún momento como el nuevo Patrick Roy. Palabras mayores esas, aunque Théo ha demostrado que dentro de él hay un gran portero. Eso sí, tendrá que confirmar la buena línea de este año si quiere evitar caer de nuevo en el ostracismo. Ahora habrá que esperar al verano y a los movimientos de jugador y dirección de la franquicia. El canadiense podría seguir en el equipo que le ha realzado o buscar un nuevo destino en el que seguir dando lo mejor. El tiempo nos dará la respuesta. 

 

POR SAMUEL HERNÁNDEZ