El término de la temporada regular en la mejor liga de Hockey profesional nos deja muchas cosas, nos deja sensaciones en los equipos, en los jugadores, sentimientos en los aficionados, intuiciones para analistas y ejecutivos, y datos, muchos datos. Muchos de ellos tratan estadísticamente el propio juego, así como sus diversas variantes. Otros nos hablan de algo más. En estas fechas se dio a conocer la cifra definitiva de asistentes totales a los partidos en directo en los diferentes pabellones de los equipos de la liga regular, y superaba los 21.200.000 espectadores, cifra récord, como récord también es la media por partido. Tercer año consecutivo que se baten dichas cifras, justo desde el parón de la temporada 2004-2005.
Es curioso el desarrollo tanto de ese dato, que refleja simplemente el crecimiento de aficionados alrededor de la NHL como la diferencia entre lo ocurrido y las previsiones lanzadas. Algunos ya se frotaban las manos profetizando la caída de la liga, quitándola incluso de las 4 grandes. Cómo la NHL sería consumida por sus propios errores y por sus propios equipos y jugadores, y la falta de entendimiento por el tema de siempre, el dinero, y su reparto. Y en parte esas previsiones eran una forma hasta cierto punto “realista” de ver el futuro, atendiendo a otras situaciones parecidas como la huelga de la MLB de 1994 o el lockout de la NBA de 1998. Pero nada más lejos de la realidad, el hockey sobre hielo ya no sólo sigue siendo una religión en su origen, Canadá, sino que en su patria de adopción, Estados Unidos, está en un momento de pleno desarrollo. Los llenos ya no sólo se suceden allí donde siempre han ocurrido, como Toronto o Montreal, sino que se producen en muchos de los pabellones que pueblan el territorio norteamericano.
El conflicto entre jugadores y propietarios, que terminó el 5 de Octubre de 2005 con la disputa, por primera vez en la historia, de 15 partidos con todos los equipos de la liga disputando partido en el hielo, ha dado paso a un período interesante de cambios, pero, ante todo, a una excitante generación de jugadores que en bastante, indican esta nueva edad de oro que parece presentarse ante muchos equipos. No es casualidad que tras la llegada de los Sidney Crosby, Alexander Ovechkin, Evgeni Malkin, Patrick Kane, Mike Richards, Eric Staal y un largo etc. Sus equipos estén logrando una importancia capital en el deporte que se contagia a muchas otras partes de la liga. Al contrario que en otras grandes en donde el desarrollo suele ir marcado por la victoria de los equipos “pesos pesados” en las fases finales, en la NHL se crece “pese” a que los últimos campeones y finalistas no coincidan con los tradicionales “Original Six” o equipos de gran calado como los Philadelphia Flyers o los Wild del “state of hockey” Minnesota.
La llegada de Sid Crosby ha sido, sin duda, fundamental, con la propia estrategia de la NHL de convertirlo en un auténtico símbolo tanto comercial como de imagen de la propia liga. Su éxito instantáneo tampoco resta importancia a la llegada desde Rusia de dos fenómenos que han congregado la expectación en esta última temporada en una lucha deportiva fantástica que ha hecho olvidar incluso los problemas físicos del por muchos llamado “The next one”. Alexander Ovechkin y Evgeni Malkin, compañero de Crosby en los renovados, jóvenes e ilusionantes Pittsburgh Penguins, han protagonizado un cara a cara anotador con una interesante lucha deportiva de fondo, el primero convertir a sus Capitals en el primer equipo que logra pasar del último puesto de su conferencia a mediados de temporada a ser campeón de División. El segundo, por ser el verdadero puntal de un equipo que ha seguido ganando sin el concurso en el hielo del mejor jugador de la liga, en lucha por ser líderes de Conferencia.
Pero este cambio no sólo representa a 3 jugadores, otros muchos como Richards en los Flyers(considerado por muchos un digno heredero a los mejores “two way” centers como Forsberg o Lindros), Kane y Toews en los renovados BlackHawks, los jovencitos Blues con Perron y Johnson a la cabeza, la “prole” de los Staal… muchos, muy buenos y muy diversos en su forma de juego, una nueva generación completa y dinámica que se está imponiendo, siempre bajo el respeto y la admiración, a los ya veteranos Jaromir Jagr, Joe Sakic, Paul Kariya, Teemu Selanne o Nicklas Lidstrom en los corazones de los aficionados al hockey sobre hielo, como dignísimos sucesores de su grandeza. Y se avecinan aún más grandes jugadores, personificados en los nombres de Steven Stamkos o John Tavares, de los que dicen auténticas maravillas, para ser los próximos jóvenes talentosos y excitantes para el público. Este nuevo cambio de actitud, este cambio positivo, este lavado de cara desde la crisis del parón hacia la ilusión de nuevo por la liga ha dependido mucho de ellos, de esos jóvenes valores que pese a todo han seguido confiando en la liga, confiando en el hockey sobre hielo y que han reconducido una situación comprometida a un ilusionante futuro.